El skateboarding ha ido evolucionando desde su concepción misma bajo esa sombra de transgresor, una característica que ha ido tomando verdadero sentido con el paso del tiempo. Es ver al hombre buscando conquistar los obstáculos creados por él mismo. Actúa como un ultraje a los deportes, de ahí que lo hayan purgado hacia una categoría tan inclusiva como exclusiva: deporte extremo.
Tiene las cualidades para ser un deporte por todas las de la ley, pero no puede competir con las disciplinas ya conocidas. A simple vista ni siquiera parecer tener una disciplina. Es peligroso, no tiene seriedad, ni uniformidad, es extremo. Extremista. Así como el graffiti en el arte, el freejazz en la música y la religión en medio oriente. Rompe con el concepto deportivo de tener que ir a un lugar específico para poder realizar alguna actividad, la ciudad es el skatepark. Es tu cancha, disfrútala. Las reglas de urbanidad se rompen.
Libertad en todos los aspectos, inclusive ante las leyes de la gravedad. El skate se ha venido construyendo en una historia de altibajos, que al final, como toda acción que busca transgredir el temible sistema, termina por adaptarse al medio en el que se desenvuelve y hacerse uno con el mercado. Y eso está bien, creo que es un ciclo natural. Empieza dando la contra, pero termina por ser digerido y vendido, dando pie a una nueva expresión contracultural.
Si pudiera darle una madre al skate sería California, ese lugar que siempre se menciona en las anécdotas históricas. Todo pasa por la memoria de esas tierras californianas. La tierra en donde se les ha dado forma a algunos movimientos contraculturales de la historia moderna: el jipismo, el LSD, el rocanrol, el porno. California tiene algo que influye en su juventud, en las ideas, que no los deja quietos al sentirse acorralados. Una increíble facultad para liberar pensamientos y llevarlos a la acción. Son unos desgraciados que arriesgan pero que tienen una noción de negocio bastante fuerte. Adictos al éxito y al dinero. Es por eso que California se siente invadida de ese aire de éxito y excesos. Camaros convertibles, bikinis y gafas de sol.
Tommy Guerrero: Smooth and Classy

Tommy Guerrero quien formara parte del famoso grupo de skaters Bones Brigade (colectivo de locos dedicados a dominar el skate en los ochenta) posee uno de los estilos más fluidos y suaves que han recorrido las empinadas calles de San Francisco. Parte del encanto en su manera de patinar está en lograr que, el efecto de mantener el equilibrio sobre una tabla con 4 ruedas, parezca algo sencillo. Con un estilo muy parecido al que los surfistas usan al recorrer las olas, mantiene sus quiebres, sus vueltas y sus giros de 360º de la manera más elegante posible. Tommy Guerrero logró todo lo que buscó en su carrera de skater: cumplió sus metas, formó su compañía, promovió nuevos talentos y se dió cuenta que comenzaba el ciclo otra vez.
Al apreciar una vida con más éxitos que fracasos, nos damos la oportunidad de analizar las cosas desde una perspectiva diferente. El concepto de post-materialismo se hace presente. Hemos logrado nuestros objetivos, ganado la mayoría de nuestras batallas y hemos conseguido estabilidad. Es hora de dar el siguiente paso. Una vida más cómoda, dedicada a complacer esas necesidades humanistas, culturales y creativas, dejando de lado la preocupación de las necesidades económicas. Un cambio de prioridades: el skate(trabajo/rutina) por debajo de la música(pasión/libertad), esa música que se convertiría en el simple placer de explotar su creatividad.

En el presente existe un Tommy G con una banda llamada Jet Black Crayon, un proyecto solista con más de 10 años de edad y 7 discos bajo el brazo. Aclamado por la prensa mundial (en el 2003 tuvo mención de su disco Soul Food Taquería como uno de los mejores del año por la Rolling Stone), ha logrado mantenerse como una figura importante dentro de la escena musical californiana. Es un fiel representante de la cultura de la costa oeste, manteniendo esa vibra que emana de las calles californianas. Representando los sonidos de los barrios y haciendo la mezcla perfecta de las culturas que ahí conviven. El soul, trip-hop, hip-hop y música latina, la cual no viene por herencia genética sino por el contacto con el entorno. Ha mantenido su estilo de patinar en su manera de tocar, haciendo un uso perfecto de la guitarra la cual varía de ritmos y acordes con una suavidad que hace ver todo muy sencillo. Todo lo mantiene a un tempo bastante lento, pero fluido. Nunca se acelera por más que la cantidad de adrenalina suba y aunque el ritmo lo pida, la elegancia nunca se pierde. El recorrer las avenidas durante décadas, aprenderlas, conocerlas y vivirlas se ha materializado en una obra que si bien mantiene sus diferencias entre cada disco, de manera global encierra el concepto general de la vida californiana.
El soundtrack perfecto que hace honor a esas calles que han visto nacer, crecer, caer y volverse a levantar a una cultura para los adolescentes eternos.
Tommy Guerrero - No Guns, More Glory
From the Soil To the Soul (Quannum Projects; 2006)